24 ago 2009
Esperanza
Hablar de esperanza se resuelve en algo concreto: serenidad interior. Te reitero que a esa esperanza yo la entiendo como la posibilidad de comprender cada cosa que pasa como la mejor manera en que podía suceder. Eso lleva algo de resignación si uno esperaba más de tal cosa o no esperaba tal cosa, pero al reposar el ánimo, esa resignación se torna en impulso que nos hará buscar el amor y la belleza de tal cosa. De lo contrario, estaremos hablando de resentimiento. Ese impulso que nos hace tender hacia el amor y la búsqueda de la belleza, creo que es la clave para sobrellevar momentos difíciles. Por ejemplo, no te veas como un enfermo, sino como alguien que tiene una enfermedad. Eso creo, firmemente, que te hará descubrir amor, ya que, de alguna manera, asumir sólo la enfermedad “acomodará” las relaciones próximas que te frecuentan, o sea, lograrás una armonía con vos mismo en primer lugar, pues comenzarás a relativizar los efectos de la enfermedad, porque dejarás en un segundo plano el hecho de “estar enfermo” y descubrirás la belleza de los sentimientos que tus pares guardan hacia vos: la tolerancia, la compasión, la generosidad y la demostración de ellos. De igual modo, cultivá la búsqueda de la belleza de lo que está dos brazos más allá de tu mano: el alarmante sonido de una urraca, los aplausos de la copa de un árbol en un día ventoso, el ascendente son del agua corriente, los soliloquios de un grillo, el crujido extemporáneo de un mueble a la madrugada; el olor de una mañana soleada o el de la tierra en vísperas de chaparrón, el aroma de la pimienta recién molida, el de un perfume lucido con candor, el encanto de un asado ajeno, el sabor de uno propio, el de un beso sostenido, el de la tinta del diario más querido, la tierna esencia de la sien de tus nietas impregnada en tus labios; gozá el abrazo fraternal, conyugal, amistoso y del espontáneo también, la corrugada piel de una almendra, la suavidad de su blancura interior, la irremplazable singularidad de tu almohada, la frescura de la ventisca del alba; observá los colores de un paisaje, el movimiento caprichoso, determinado o azaroso de cuanto se halle en el marco de tu ventana, las cortinas bamboleándose como espectros, el cielo en el comienzo de una mañana y en el final de un día, los infinitos ojos de la noche; la gracia de la comunicación, la emoción de una palabra, de un gesto o de un símbolo; la actividad creadora del hombre, el amor naïf y un silencio lleno de mensajes. Viví con la esperanza de encontrar en la vida el milagro de la vida. Ese milagro es el amor y la belleza.
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