Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos (D. Defoe)
Cuanto mejor es una persona más dificilmente sospecha de la maldad de los demás (Cicerón)
Cuando tengo que armar el equipo, elijo a mis amigos, no a los mejores
El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele (Marco Aurelio)
Amame cuando menos lo merezca ya que es cuando más lo necesito (proverbio chino)
El hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino encuentra paz en su hogar (Johann Wolfgang von Goethe)
En toda cosa, la medida y la proporción constituyen la belleza y la virtud (Platón)
Materializar lo espiritual hasta hacerlo palpable, espiritualizar lo material hasta hacerlo invisible: ese es todo el secreto del arte (Jacinto Benavente)
La hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud
Los hombres se equivocan más a menudo por ser demasiados listos que por ser demasiados buenos (Bernard Shaw)
Las actitudes simples con afecto y compromiso se convierten en amistad y perdura cuando es mutua (Rosa Juana Pereyra -la tía de mi esposa-)
El objeto social del arte es la exaltación de la vida en la belleza (Leopldo Lugones)
Todo hombre recibe dos educaciones: la que le dan y la que él se da; esta última es la más importante (Edward Gibbon)
Donde reina el amor, sobran las leyes (Platón)
Pelear por la paz es como coger por la virginidad
La vida dura un instante, suficiente para hacer cosas eternas
Los viajes son como pequeñas vidas (Dominique Cléri)
Del matón al cobarde sólo media la resaca
Es preferible la derrota con los amigos y no la victoria con los indeseables (Alejandro Dolina)
28 ago 2009
24 ago 2009
Esperanza
Hablar de esperanza se resuelve en algo concreto: serenidad interior. Te reitero que a esa esperanza yo la entiendo como la posibilidad de comprender cada cosa que pasa como la mejor manera en que podía suceder. Eso lleva algo de resignación si uno esperaba más de tal cosa o no esperaba tal cosa, pero al reposar el ánimo, esa resignación se torna en impulso que nos hará buscar el amor y la belleza de tal cosa. De lo contrario, estaremos hablando de resentimiento. Ese impulso que nos hace tender hacia el amor y la búsqueda de la belleza, creo que es la clave para sobrellevar momentos difíciles. Por ejemplo, no te veas como un enfermo, sino como alguien que tiene una enfermedad. Eso creo, firmemente, que te hará descubrir amor, ya que, de alguna manera, asumir sólo la enfermedad “acomodará” las relaciones próximas que te frecuentan, o sea, lograrás una armonía con vos mismo en primer lugar, pues comenzarás a relativizar los efectos de la enfermedad, porque dejarás en un segundo plano el hecho de “estar enfermo” y descubrirás la belleza de los sentimientos que tus pares guardan hacia vos: la tolerancia, la compasión, la generosidad y la demostración de ellos. De igual modo, cultivá la búsqueda de la belleza de lo que está dos brazos más allá de tu mano: el alarmante sonido de una urraca, los aplausos de la copa de un árbol en un día ventoso, el ascendente son del agua corriente, los soliloquios de un grillo, el crujido extemporáneo de un mueble a la madrugada; el olor de una mañana soleada o el de la tierra en vísperas de chaparrón, el aroma de la pimienta recién molida, el de un perfume lucido con candor, el encanto de un asado ajeno, el sabor de uno propio, el de un beso sostenido, el de la tinta del diario más querido, la tierna esencia de la sien de tus nietas impregnada en tus labios; gozá el abrazo fraternal, conyugal, amistoso y del espontáneo también, la corrugada piel de una almendra, la suavidad de su blancura interior, la irremplazable singularidad de tu almohada, la frescura de la ventisca del alba; observá los colores de un paisaje, el movimiento caprichoso, determinado o azaroso de cuanto se halle en el marco de tu ventana, las cortinas bamboleándose como espectros, el cielo en el comienzo de una mañana y en el final de un día, los infinitos ojos de la noche; la gracia de la comunicación, la emoción de una palabra, de un gesto o de un símbolo; la actividad creadora del hombre, el amor naïf y un silencio lleno de mensajes. Viví con la esperanza de encontrar en la vida el milagro de la vida. Ese milagro es el amor y la belleza.
I
Frase de amor:
“Decirse adiós es negar la separación, es decir: ‘Hoy jugamos a separarnos pero nos veremos mañana’. Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros”.
Frase de humor
"Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empleador."
Estoy a poco de cumplir 35 años y se me ocurrió preguntarme si no habré recorrido la mitad de mi camino.
Debo confesarte que ésta y muchísimas otras preguntas han estado desvelándome la mayor parte de los días de los últimos meses. Tiene esto su origen en un cambio que he experimentado, que partió de vos. La fortaleza y entereza con que has afrontado los sucesos acaecidos en tu persona, produjeron verdaderamente un cambio en la mía. Me siento cambiado. Me siento mejor.
Es que se ha despertado en mí una sensibilidad que no creía capaz de vivir. Repercute positivamente tanto en mi persona como en la de los que me rodean.
Posiblemente te cuestiones porqué o para qué te tocó justo a vos este estado. Pues acabo de darte una respuesta. La gente es tan dura de alma que necesita un sacudón para activarla y ponerla en movimiento.
A mis casi 35 años te agradezco con todo mi corazón que hayas producido un cambio tan radical en mis sentimientos, que me hayas hecho ver la vida desde otra óptica, que me hayas hecho valorar la familia que tengo. Ante todo esto, no haré más que replicar tus valores y tu amor hacia la mía, para poder llegar a tener, en mi vida, una reciprocidad de cariño como el que te ha sido demostrado.
Y recurrí a la sutileza de decir en mi vida sin decir, por ejemplo, llegar a tener a tu edad, pues no sé siquiera si cumpliré los 35 años. Porque después de pensar y razonar y cuestionarme y dar vueltas y vueltas, llegué a la conclusión de que uno no vive una cantidad de años, sino que uno vive toda su vida. ¿Cuánto me falta? “Toda la vida”, es la respuesta más precisa, más verdadera tal vez.
Luego, todo lo que se desencadene a partir de aprehender esa respuesta, serán virtudes.
Frase de amor:
“Decirse adiós es negar la separación, es decir: ‘Hoy jugamos a separarnos pero nos veremos mañana’. Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros”.
Frase de humor
"Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empleador."
Estoy a poco de cumplir 35 años y se me ocurrió preguntarme si no habré recorrido la mitad de mi camino.
Debo confesarte que ésta y muchísimas otras preguntas han estado desvelándome la mayor parte de los días de los últimos meses. Tiene esto su origen en un cambio que he experimentado, que partió de vos. La fortaleza y entereza con que has afrontado los sucesos acaecidos en tu persona, produjeron verdaderamente un cambio en la mía. Me siento cambiado. Me siento mejor.
Es que se ha despertado en mí una sensibilidad que no creía capaz de vivir. Repercute positivamente tanto en mi persona como en la de los que me rodean.
Posiblemente te cuestiones porqué o para qué te tocó justo a vos este estado. Pues acabo de darte una respuesta. La gente es tan dura de alma que necesita un sacudón para activarla y ponerla en movimiento.
A mis casi 35 años te agradezco con todo mi corazón que hayas producido un cambio tan radical en mis sentimientos, que me hayas hecho ver la vida desde otra óptica, que me hayas hecho valorar la familia que tengo. Ante todo esto, no haré más que replicar tus valores y tu amor hacia la mía, para poder llegar a tener, en mi vida, una reciprocidad de cariño como el que te ha sido demostrado.
Y recurrí a la sutileza de decir en mi vida sin decir, por ejemplo, llegar a tener a tu edad, pues no sé siquiera si cumpliré los 35 años. Porque después de pensar y razonar y cuestionarme y dar vueltas y vueltas, llegué a la conclusión de que uno no vive una cantidad de años, sino que uno vive toda su vida. ¿Cuánto me falta? “Toda la vida”, es la respuesta más precisa, más verdadera tal vez.
Luego, todo lo que se desencadene a partir de aprehender esa respuesta, serán virtudes.
26 may 2009
Cosas que pasan
Un flautista, colocando sus manos para ejecutar un do, insufla para regodearse con su dulce sonido. Le acontece que una hilera de mariposas escapa del interior del instrumento y acapara la totalidad de la sala. Confundiendo este suceso su naturaleza, con lentitud pero con tesón, desde la boquilla de la flauta ingresa, con movimientos peristálticos, en su recóndito universo.
Al ver sus cordones arqueados, una reacción de fiera corrupia se apodera del calzado, que con corcovos se torna indómito para el sujeto, quien se aferra a aquéllos como a las riendas de un equino. Usando su pie izquierdo como espuela, acicatea a la indigna que le hace doler hasta la sisa con sus intentos de fuga vehementes. Con los cordones deshilachados, la zapatilla desvencijada logró, en su último intento, sacarle la lengua.
A los jinetes nada de esto les acaece.
Escritura cursiva
Al Primer Ministro Zhang le gustaba escribir en estilo cursiva pero su escritura era muy ilegible para entenderla. Por tal motivo sus amigos se le reían, aunque a él no le importaba. Un día, al ocurrírsele una frase que le gustó mucho, hizo uso de una rama para transcribirla de una vez. El papel estaba repleto de caracteres vivaces. Le pidió a su sobrino que la reprodujera. Mientras realizaba esta tarea, su sobrino se encontró con un carácter ilegible y se detuvo en él confundido. Llevó el papel a su tío y le preguntó: “¿Cuál es este carácter?” El Primer Ministro lo observó un buen tiempo, también desconcertado por no reconocerlo. Y regañó a su sobrino: “¿Por qué no me lo preguntaste antes de que lo olvidara?”.
Xinh Jushi (1068-1087) Fu Zhang Lu (A Record of Hearty Laughter).
Del libro “Ancient Chinese Miniature Stories, compilado y traducido por Ma Jiaju, pág. 240.
Una señora lee sobre la ventanilla del colectivo, repleto, en el que viajaba, que los cuatro primeros asientos están reservados para discapacitados.
Observa que cinco lisiados ascienden y concluye que el quinto no podrá sentarse.
Al ver sus cordones arqueados, una reacción de fiera corrupia se apodera del calzado, que con corcovos se torna indómito para el sujeto, quien se aferra a aquéllos como a las riendas de un equino. Usando su pie izquierdo como espuela, acicatea a la indigna que le hace doler hasta la sisa con sus intentos de fuga vehementes. Con los cordones deshilachados, la zapatilla desvencijada logró, en su último intento, sacarle la lengua.
A los jinetes nada de esto les acaece.
Escritura cursiva
Al Primer Ministro Zhang le gustaba escribir en estilo cursiva pero su escritura era muy ilegible para entenderla. Por tal motivo sus amigos se le reían, aunque a él no le importaba. Un día, al ocurrírsele una frase que le gustó mucho, hizo uso de una rama para transcribirla de una vez. El papel estaba repleto de caracteres vivaces. Le pidió a su sobrino que la reprodujera. Mientras realizaba esta tarea, su sobrino se encontró con un carácter ilegible y se detuvo en él confundido. Llevó el papel a su tío y le preguntó: “¿Cuál es este carácter?” El Primer Ministro lo observó un buen tiempo, también desconcertado por no reconocerlo. Y regañó a su sobrino: “¿Por qué no me lo preguntaste antes de que lo olvidara?”.
Xinh Jushi (1068-1087) Fu Zhang Lu (A Record of Hearty Laughter).
Del libro “Ancient Chinese Miniature Stories, compilado y traducido por Ma Jiaju, pág. 240.
Una señora lee sobre la ventanilla del colectivo, repleto, en el que viajaba, que los cuatro primeros asientos están reservados para discapacitados.
Observa que cinco lisiados ascienden y concluye que el quinto no podrá sentarse.
4 may 2009
PERCUSIONES
Te intuyo
Te siento
Te tengo
Te observo
Ti-emblo
Te tomo
Te siento
Me tomas
Soy tuyo
Soy tu-yo
Te tiento
a tientas
Te tientas
Te sientas
Me tomas
Te late
Me late
Laten laten
Laten laten
Laten laten …
Te siento
Te tengo
Te observo
Ti-emblo
Te tomo
Te siento
Me tomas
Soy tuyo
Soy tu-yo
Te tiento
a tientas
Te tientas
Te sientas
Me tomas
Te late
Me late
Laten laten
Laten laten
Laten laten …
20 abr 2009
Juegos
¿Cuántos pasos da un pájaro antes de emprender vuelo?
Si encuentras una hoja perdida a tus pies, ¿sabrías descubrir de qué árbol se desprendió?
¿Y si te despertaras esperando tu propio pronóstico acerca de qué figuras tendrán las nubes? Por caso: Cielo cubierto de pururú con probabilidades de que se unan hasta convertirse en merengue, o podrías decirte: Nube a la deriva en busca del pelotón que la dejó plantada o por qué no: cielo algodonado, poniéndose hacia la tarde como trapo de piso a punto de ser estrujado.
Divirtiéndose así, qué lindo sería enojarse por perder la cuenta de los pasitos dados por el pajarito con sus patitas de débil rama.
Sería lindo preocuparse por no dar con el árbol que la hoja abandonó, como si no encajara la pieza en su rompecabezas.
¿Y si pensaras y pensaras y ninguna forma se te ocurriera para metaforizar el hermoso cielo con canas?
Esos serían enojos, ¡carajo!, y preocupaciones y ansiedades que valdrían la pena.
Uno, incluso, sería más digno al encolerizarse. ¿O no?
Estos “juegos”, creo muy firmemente, nos acercan serenamente a lo más recóndito de los sanos sentimientos; despiertan en nosotros el asombro, nos dibuja una sonrisa al vincularnos tan directamente con secretos que la naturaleza guarda para nuestros espíritus y que, no dudo, serán tratados hasta convertirlos en una sensación de “placer del agradecimiento”.
Ser agradecido es uno de los valores más importantes que me has enseñado, y estoy seguro, y por eso lo comparto con vos, de que estos pasatiempos, como otros que se te puedan ocurrir, te harán más fuerte de espíritu aún y te permitirán crear nuevas maneras de sentirte alegre.
En la Huella de un Colibrí
- Rojo
- Muy bien, tomá pibe.
El niño dio media vuelta y comenzó a remontar su barrilete que escribía letras a ser descifradas con los años. Relámpago de juguete que confundía sueño y realidad; tallo alargado en cuyos extremos bien se observaba flor o raíz: el niño ondeando en un cielo de estrenado celeste o un rombo carmín que sonreía.
Signo de pregunta tórpido que le demoraba las preguntas.
3 abr 2009
Evoluciones
Hombre portando bronces
pero para abrir cerrar cerrar y revisar cerraduras
Homo zepam
pero poco homo ludens
Hombre consumidor de humo
pero sin fotosíntesis
Hombre sin sombra durante su jornada,
hombre sin sol antes y después de su jornada
Hombre numerado
pero con poco para contar.
pero para abrir cerrar cerrar y revisar cerraduras
Homo zepam
pero poco homo ludens
Hombre consumidor de humo
pero sin fotosíntesis
Hombre sin sombra durante su jornada,
hombre sin sol antes y después de su jornada
Hombre numerado
pero con poco para contar.
27 mar 2009
ANGUSTIA (Bitter flavor)
Caer.
Desde lo más alto hasta lo más bajo de lo más infinitamente pequeño.
Caer precipitadamente,
sin capacidad de reacción, por no esperarlo, por no proponérselo.
Caer y dar de lleno con una mejilla en el suelo,
en un santiamén, habiendo recorrido uno a uno todos los espacios
contenidos en una migaja de segundo.
Caer completamente,
sin explicaciones, sin comentarios, sin justificaciones,
arrastrándolo todo consigo;
en el instante en que un semáforo cambia luz roja por verde,
mientras se va saludando a un tío,
adentro de un vaso,
subido a espaldas de un acorde preferido,
en cualquier momento,
en cualquier lugar.
Desde lo más alto hasta lo más bajo de lo más infinitamente pequeño.
Caer precipitadamente,
sin capacidad de reacción, por no esperarlo, por no proponérselo.
Caer y dar de lleno con una mejilla en el suelo,
en un santiamén, habiendo recorrido uno a uno todos los espacios
contenidos en una migaja de segundo.
Caer completamente,
sin explicaciones, sin comentarios, sin justificaciones,
arrastrándolo todo consigo;
en el instante en que un semáforo cambia luz roja por verde,
mientras se va saludando a un tío,
adentro de un vaso,
subido a espaldas de un acorde preferido,
en cualquier momento,
en cualquier lugar.
Gombe


Creía haber cruzado la frontera. No tenía fuerzas para preguntar. Su estómago se quejaba. Era parte de un desfiladero de ojos negros hundidos que pendulaba bajo el sol abrasivo. La caravana de caminantes se perdía detrás de una duna. Los pequeños pies dejaban huellas que dibujaban una infinita y delgada flauta en la arena. A lo lejos, una silueta errante buscando alcanzar la hilera se perdió en el suelo.
Transido de hambre, recordaba intermitentemente el ataque a su hogar; su madre desparramada en varios sectores de la carpa; gritos, llantos y alabanzas; súplicas, disparos y polvo. El ganado y sus vecinas, ultrajadas (aunque no comprendía el significado de ultrajar), los hombres en las jaulas del ganado. No distinguía en su débil recuerdo el rostro de su padre, mezclado entre mil rostros deformados por la penuria, la balacera o la estupefacción. El sol seguía siendo el mismo.
La obligación de marchar a pie hacia otro destino le había sido impartida en un idioma desconocido.
De repente la fila se detuvo y sus manitas en forma de cazo recibieron unos cuantos pares de granos de arroz con un caldo indescifrable que se escurrió rápidamente. El arroz fue llevado a su boca por las mismas manos que taparon sus lágrimas y sentía el alimento desmoronarse hasta sus entrañas. Suspiró y agradeció en su dialecto. Se levantó y caminó hacia adelante persiguiendo la esperanza. Los demás hicieron exactamente lo mismo. Y constató más soles y lunas que raciones en sus manos.
Un edificio con mil ojos, un espacio verde, agua cayendo a borbotones de la boca de una estatua, gente vestida, sin panzas hinchadas y un hombre de anteojos oscuros que se acerca y lo acaricia en su frente con dedos surgidos del interior del resplandor de sus joyas.
Dijo tener diez años, aunque visiblemente parecía mayor a un muchacho de quince. Dijo que sabía trozar carnes y que su Dios mandó llamarlo Gombe. Luego de dar estas respuestas se arrodilló y escondió la cabeza entre sus brazos extendidos, al tiempo que las palmas de las manos eran frotadas en la tierra y musitó una salmodia.
Desde entonces, cuando el sol y la luna se dejan ver en un mismo cielo, agradece con rezos a su Dios cada día de su vida y sólo come arroz.
Sentado en la cocina, abre el periódico y se dispone a leerlo. El sonido del microondas le avisa que tiene que sacar la taza de café, humeante. Lo bebe ansiosamente hasta terminarlo. Cierra el diario casi sin haberlo leído, toma unas galletas y sale de su casa en su auto. Atraviesa la gran ciudad con apuro, sufriendo las lanzadas del sol, hasta el camino que culmina en el imponente parque de la Universidad.
Inmerso en una claridad radiante, ubicó a su izquierda el edificio, la plaza y una fuente cuya agua deseaba fervorosamente beber y a metros de la estatua que vomitaba ese líquido, un grupo reducido de niños, “de aspecto deteriorado, olvidados por la fortuna”, pensó.
Caminó hacia ellos junto a su séquito y escogió uno al que le propinó una caricia en el redondel brillante formado en su frente nigérrima; en su dialecto le preguntó la edad, su oficio y su nombre. Luego observó unos extraños movimientos del pequeño, y miró de reojo a sus pares profiriendo una leve sonrisa, entre lastimosa y comprensiva. Volviéndose a él, le pidió que repitiera sus últimas palabras.
Señor mío, tradujo un colega, ha dicho que todos creemos en el mismo Dios, sólo que él sabe lo que él puede hacer.
Habiendo formalizado los papeles necesarios, fueron trasladados a fin de concretar un programa de ayuda humanitaria, en el que serían nutridos, educados e insertados en el campo laboral cuando cumplieran la mayoría de edad. Se les entregaron documentos de identidad, respetando sus nombres, aunque no así las fechas de su presunto nacimiento. Todos terminaron naciendo el mismo día para aunar los festejos.
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